El nacimiento profético de Jesús no es para nada una idea novedosa. En la religión judía existía hace cientos de años una promesa divina. Dios habría prometido a través de los profetas un Salvador1, el cual habría de reinar por siempre. Si tomamos la palabra <siempre> de manera literal, desde ese momento sabríamos que no se refería a una persona común y corriente.
Así como en la práctica —por lo del reino eterno— no sería común, tampoco su nacimiento lo sería. Así fue profetizado que una virgen2 concebiría a este mesías. Esta fue la señal elegida por Dios, así como fue su voluntad crearnos desde el polvo de la tierra. Nos dio vida sin preguntarnos que método elegiríamos. Así también trajo al mesías sin preguntarnos como aceptaríamos o comprenderíamos mejor su nacimiento.
No obstante, tal fue el asombro que incluso la virgen pregunto “Pero ¿Cómo es esto si no he conocido varón?”3. Don del Espíritu Santo. Obra de Dios, nada más y nada menos.
La profecía está llena de detalles pues, hasta del lugar en el que nacería4 —Belén—hasta donde sería trasladado luego5 —Egipto— fue dicho. De allí regresaría para habitar en Nazaret, la cual vería crecer al hijo de Dios, al Enmanuel. Él no vino solo, pues también fue enviado con unos meses de antelación su mensajero, Juan el bautista tal como fue profetizado para preparar el camino6.
Jesús nació, vivió, murió y resucitó por voluntad de Dios tal como fue profetizado. El entregó su vida por cada uno de nosotros a pesar de que le costase su santidad, la cual por instantes quedó manchada con nuestros pecados. Y es que hasta su muerte en un madero fue profetizada7.
Caminó cumpliendo promesas, promesas que en su totalidad nos benefician a cada uno de nosotros. Las profetizó como testimonio de su plan redentor. Como testigo inequívoco fueron las palabras grabadas en papiros. Jesús es el cumplimiento profético que nos heredó el pecado en el comienzo8 Jesús es la respuesta, la solución a nuestra enemistad con Dios9. El camino, la verdad y la vida10.

Referencias Bíblicas
- Isaías 9:6-7
- Isaías 7:14
- Lucas 1:34
- Miqueas 5:2
- Oseas 11:1
- Malaquías 3:1 y 4:5
- Isaías 53, Salmos 22 y Zacarías 12:10 y 13:7
- Génesis 3:15
- Romanos 5:10-12
- Juan 14:6
