Caso Marta: Como [NO] servir a Jesús

Hace unos días debido al instituto bíblico me tope con la historia de la visita de Jesús a Marta y María en su hogar. Como parte del estudio de los Evangelios Sinópticos1 se establece que este relato es uno de esos que solamente aparece en el evangelio de Lucas. No obstante, tanto Marta como María aparecen en otros evangelios en distintos relatos.

Al toparme con esta hermosa historia, he debido reflexionar en mi vida a la luz de las enseñanzas que esta nos trae. Todo empieza con la frase "Marta, Marta, estás afanada con muchas"2. Aquello que Jesús dijo de Marta, hoy revela mucho del estado actual de nuestros corazones. Afanados por muchas cosas. El Caso Marta es súper interesante. Pasaremos a esbozar cada una de las pruebas que hacen el Caso Marta, nuestro caso.

Prueba 1: Invitación y recibimiento

Jesús y los suyos iban pasando por una aldea. Fue recibido por Marta. Jesús fue alguien muy solicitado. Todos querían lograr tener tiempo con él pero, por alguna razón la escritura nos deja pensar que esta vez, Jesús no se invitó a casa de Marta, al menos no así como a Zaqueo3. Jesús entró en la aldea. Estaba pasando por allí y Marta parece haberlo invitado a pasar.

Así mismo pasa con nosotros. Jesús entró a nuestro radar. Escuchamos su evangelio pero no es hasta que lo invitamos a pasar a nuestra casa que demostramos que es verdaderamente nuestro Señor.

La alegría de recibir al Señor

Imagínate la mente de Marta por un momento. Estaba feliz. Alegre, tanto como una lombriz. Piénsalo, el Mesías esperado, Dios hecho hombre, la simiente de David, el fenómeno del momento iba a visitar su hogar. Lo más íntimo. Todo era alegría incluso cuando saltaba a su memoria lo desordenada que estaba su casa. Aún cuando sabía que no estaba preparada, y que implicaba un sacrificio servir a Jesús. Eso no le importó.

Nosotros también fuimos como Marta. Llenos de regocijo al invitar a Jesús a nuestras vidas. Deseosos de servirle y llenos de ánimo. Felices de contarles a todos que lo hemos invitado a casa sin importar nuestro desorden, sin importar lo poco preparado que estemos para servirle.

Prueba 2: El primer amor del Servicio

Marta llevo a Jesús a casa. Empezó entusiasmada a servirle. "Siéntate a la mesa" le dijo. "Te serviré con excelencia, con amor, con paciencia. Ven maestro, siéntate a la mesa".

Todo apunta que el servicio de Marta le agradaba al Señor. Que las atenciones recibidas hasta el momento eran buenas. Marta era muy buena en lo que hacía. Su servicio con las manos, podemos intuir que sus obras eran de valor. Posiblemente Marta era una mujer con buena posición económica4 y quizá utilizaba sus recursos con frecuencia para impactar positivamente en la sociedad (de allí que tantas personas fueran al funeral de su hermano Lázaro). Era una buena mayordoma de lo que Dios le había entregado.

Nosotros también somos como Marta. Reconocemos nuestros dones y lo ponemos a su disposición. Tratamos de dar lo mejor de nosotros. Lo invitamos a ver dentro sin restricciones. Ya sea cantando las alabanzas, limpiando el templo, cuidando de los niños o predicando la palabra. Sea con actos de servicios comunitarios o con cualquier otra manifestación de la misericordia de Dios, sea como sea, damos lo mejor de nosotros. O al menos, eso intentamos.

Prueba 3: La pérdida de enfoque

Situémonos en la escena. Marta sirviendo a Jesús dando lo mejor…ella quería servir a su Señor, pero algo empezó a susurrar en su oído hasta llegar a su corazón. Del corazón a la mente y de la mente a las palabras: "Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola?"

Espera un momento…¿No estaba María sirviéndole a Jesús por devoción? ¿No era su propósito agradarle a Dios con ello?. Al menos eso tenía yo entendido al leer y no está alejado de la verdad. La invitación de Marta fue para servirle. No para comparar su servicio con el de otros ¿o sí?. Marta había perdido el enfoque de su servicio. Quitó la mirada de Jesús para centrarla en los demás, en especial en María. Ni siquiera estaba enfocada en lo que ella misma estaba haciendo. Si no en lo que lo que María no estaba haciendo: Sirviendo como ella.

Nosotros también somos así. Empezamos a comparar nuestro ministerio con otros ministros, adoradores, maestros o diáconos. Trazamos una regla no para medir que tanto nos falta para llegar a la estatura de Cristo, si no que tanta distancia hay entre nosotros y los demás. Lo peor es que, hasta podríamos llegar a acusar al hermano ante Dios porque su servicio no está a la altura del nuestro. Porque no le dedican la misma cantidad de tiempo, porque es otra área del ministerio o porque simplemente no nos simpatiza lo que hacen o como lo hacen.

Es voz que Marta escucho también susurra a nuestro oído, pero yo te digo hoy ¡No la dejes entrar al corazón!.

Estamos afanados

"Marta, Marta, estás afanada con muchas" fueron las palabras de Jesús en respuesta al reclamo sobre el comportamiento de María. Ya conocemos el resto, María había elegido lo mejor. ¿A caso Jesús estaba desmeritando el trabajo de Marta?. O el problema al que apuntaba no era lo que hacía, si no la disposición del corazón. Volvamos a la escena, nosotros podríamos estar sirviendo pero enfocados en Jesús tal como empezó Marta. Preparando los sandwichs y sirviendo el jugo mientras escuchamos las palabras de Jesús. Limpiando la mesa, barriendo y organizando meditando en las palabras de Jesús. Con el corazón centrados en que estamos sirviéndole al Maestro. Sí, ese era el problema de Marta. El corazón, el susurro que dejó entrar y le cambio el enfoque.

Es difícil saber cuando el corazón de Marta empezó a afanarse. Pero Jesús no le dijo que estaba afanada o que eligió lo incorrecto hasta que ella no hizo el reclamo. Hasta que ella no quitó el corazón del lugar adecuado. Quito el corazón de Jesús y lo puso en lo que María no hacía que ella sí. Eso fue lo que eligió mal. Poner la atención en María y no en Jesús. Por otro lado, María no tenía sus ojos puestos en Marta o su servicio. Los tenía en Jesús y el servicio personal que ella le hacía al prestarle atención detenidamente.

Sirvamos con el corazón en Cristo

El enfoque debe ser este. Este mismo que María tuvo todo el tiempo. Este enfoque que la misma Marta tuvo de manera efímera. Servir a Jesús, enfocados en Jesús y en el efecto de nuestro servicio. No enfocados en las demás personas. No perdamos el enfoque. El enfoque de nuestro servicio, de nuestra fe y de nuestro ministerio es Cristo. Obedecerle, amarle y servirle a él a través de las demás personas.

El Caso Marta puede llegar a ser nuestro caso si no le prestamos atención a las voces que llegan a nuestros oídos. Voces que pueden afectar nuestro corazón. Recuerda que de allí mana la vida y debemos guardarlo en Jesús. Que no repose la satisfacción o validez de nuestro servicio en lo que los demás hacen o piensen. Si no en lo que a Dios le agrada.

Oro por que nuestro corazón este unido al de Cristo todo el tiempo, por los siglos, amén.

Detailed close-up of an open book with a magnifying glass and eyeglasses, emphasizing discovery and exploration. Marta

Referencias

  1. https://www.gotquestions.org/Espanol/Evangelios-Sinopticos.html ↩︎
  2. Lucas 10:38-41 ↩︎
  3. Lucas 19:5 ↩︎
  4. https://www.biblestudytools.com/bible-study/topical-studies/things-to-know-about-mary-and-martha-in-the-bible.html ↩︎

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