Jesús, la biblia y el segundo acuerdo [No te lo tomes personal]

Este artículo forma parte de la serie de Los Cuatro Acuerdos del Dr. Miguel Ruíz. Al ser un libro sumamente práctico, que goza de buena reputación aplicativa, he decidido filtrar sus enseñanzas a la luz de las escrituras y por supuesto, de Cristo.

En esta ocasión, nos toca hablar sobre el segundo acuerdo "No tomarse las cosas personalmente". Por si no recuerdas cuales son los cuatro acuerdos, aquí te los enlisto:

¿Cuáles son los Cuatro Acuerdos?

  1. Ser impecable con las palabras
  2. No tomarse las cosas personalmente
  3. No asumir 
  4. Dar el máximo

Dicho esto, pasamos a la reflexión.

No tomarse las cosas personalmente

El Dr Ruiz invita al lector a no tomarse las palabras y/o acciones que se reciben de otra persona de manera personal. Explica que estas no representan nuestra verdadera esencia, si no que son un reflejo de la persona que emite las palabras o ejecuta la acción que se nos dirige. Por lo tanto, al no representarnos con exactitud, no podemos permitir que lo que recibimos de otro atente con destruir o elevar nuestra imagen personal. Cada quien habla desde sus acuerdos previos explica Miguel.

Algo que el libro no específica, pero que se puede deducir es que de las experiencias vividas, aunque no se les tome de manera personal se debe y se puede aprender. Una persona que te diga tonto o iluso posiblemente no merezca nuestra atención, pero si muchas personas en distintas y repetidas ocasiones lo hacen entonces o debemos cambiar de círculo social o algo debemos revisar en nuestro comportamiento. Sea lo uno o lo otro, se debe y se puede aprender de dicha situación aunque no se le otorgue el poder de "afectarnos".

No tomarse las cosas personales es estar convencidos de nuestro gran valor que no permitamos que nada ni nadie altere nuestra visión de nosotros mismos para bien o para mal.

La Biblia y el segundo acuerdo

Con respecto al núcleo fundamental de este acuerdo, que es el autoestima, la biblia aporta una clara y precisa dirección al respecto. En Romanos 12:3 se nos invita a "no tener un concepto de nosotros más alto que el que debemos". Es importante un concepto equilibrado del yo. Ni más alto que nos pueda hacer orgullosos —que de tenerlo más alto ya implica orgullo—. Pero tampoco más bajo que nos haga víctima del otro y las circunstancias.

Ahora bien, en cuanto a la praxis de este acuerdo la cosmovisión cristiana entra en serio desacuerdo. Esto porque dependiendo desde donde provengan las acciones o palabras es el valor que se le debe otorgar. Si Dios nos corrige un mal concepto que tenemos sobre nosotros, entonces si debemos permitir que esto nos afecte por completo. Si por otro lado, el enemigo intenta hacernos tirar la toalla, entonces deberíamos rechazar completamente sus intenciones.

Para ello, tenemos la regla de Tesalonicenses 1:5

21-más bien, examinen todo, retengan lo bueno. 22-Apártense de toda apariencia de mal.

Más allá de esto, podemos encontrar principios bíblicos en este acuerdo. En especial en los proverbios —por supuesto que la sabiduría chamanística no podría ser creadora de algo puro que no viniera primero de Dios—. En proverbios 4:23 el Rey Salomón nos invita a guardar nuestro corazón puesto que de el mana la vida. Para guardarlo una buena estrategia es no permitir que nuestro orgullo crezca por las palabras o acciones de otra persona y a su vez tampoco permitir que repose odio, lástima, rencor o cualquier mal sentimiento debido a dichos sucesos.

Jesús y el segundo acuerdo

Jesús es una persona difícil de situar en este paradigma de no tomarse las cosas personalmente. Primero porque su opinión sobre si mismo estaba bastante clara y definida no obstante la valoración paradójicamente no estaba a la altura de un dios, por lo menos no de uno que se considere más importante que todo lo demás. Jesús prefirió a los demás antes que a si mismo.

Juan 10:17-18

Jesús puso su vida por todo el mundo. Se despreció a si mismo por darnos valor a nosotros. Esto porque como redentor se tomó nuestra redención personalmente.

Mateo 27:27-30

Aunque podríamos tomar como caso de estudio toda la crucifixión, solo con estos pasajes basta. El Dios hecho hombre no se tomó de manera personal las ofensas y los maltratos por más que fuesen dirigidos a su persona. Pudiendo acabar con todo al instante, se sometió por un propósito claro. Salvarnos. Aquí vemos como salvador pasa por alto nuestras ofensas y no se las toma personalmente.

Otros eventos

Por estos eventos y otros más, resulta difícil encasillar a una persona en un solo espectro del tomarse las cosas de manera personal. Podemos nombrar el derribo de mesas en el templo (Mateo 21:12) como un ejemplo de tomarse las cosas de manera personal. También su interacción con la mujer samaritana como un caso de ignorar las palabras descalificativas "acaso eres tu mayor que nuestro padre" y no tomarselas personal con tal de llevar las buenas nuevas de la verdad del evangelio. Entonces, si Jesús danzaba entre ambas líneas según el propósito, ¿Qué pues diremos a la siguiente pregunta como respuesta?

¿Se tomo Jesús las cosas personalmente?

Sí y no. No se tomó nuestro pecado de manera personal en cuanto a condenación. Lo paso por alto como a quién no le afectó en lo más mínimo —que de hecho así es—. Pero si le importo nuestra condición pecaminosa en cuanto a redención pues hizo lo necesario por salvarnos y reconciliarnos consigo.

Jesús es el claro ejemplo que en cuanto al servicio se refiere, se deben tomar las cosas de manera personal. Con respecto a los matices negativos como crecer el orgullo, ofensas y/o actos violentos, debemos perdonar pues del mismo modo fuimos perdonados.

Tómate las necesidades de otros como Jesús… personalmente con amor

Como cristianos, somos llamados a amar a nuestro prójimo sea este de nuestro agrado o no. Llamados a velar el uno por el otro, sirviendo, perdonando y orando. Jesús se tomó nuestras necesidades de manera personal. El mientras estuvo en tierra sanó, libertó, enseño y alimentó a todo ser en cuanto pudo. Aún después de servirnos como sacerdote, chivo expiatorio y cordero sin manchas todo a la vez, siguió tomándose su iglesia en serio. Tan pero tan personal que envío al Espíritu Santo a acompañarnos en este largo camino hacía la santificación y la plenitud con ÉL.

Por lo tanto, sed imitadores de Cristo. Sepamos como sortear aquellas cosas que sí depositamos en nuestro corazón. Sepamos que nuestra identidad es definida en Cristo y que nuestro corazón debe ser idéntico al suyo. Este es nuestro acuerdo: Tómate las necesidades de otros como Jesús… personalmente con amor.

A street interaction in São Paulo showing a woman giving a bag to a mother and child. Acuerdo

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