
Aprovechando culminamos con todo el devocional de Hechos, tanto los 21 como los 40 días, me es plácito poder cerrar el capítulo de esta historia, o más bien este libro con este sermón. Tal como termina hablando del legado, así mismo pretendo yo abordar con claridad el tema.
Quiero empezar esta introducción con una definición que nos brinda la RAE sobre legado. Esta en especial es la que compagina con el tema en cuestión: "Aquello que se deja o transmite a los sucesores, sea cosa material o inmaterial"
Entendemos entonces que Dios a través de Jesús, los apóstoles y la iglesia primitiva nos ha dejado un precioso legado. Un legado que implica una gran bendición y a la vez una gran responsabilidad. Este legado, viene ligado o acompañado del Espíritu Santo. ¿Sabes cual es el legado? El evangelio. ¿La bendición? Es haberlo recibido por herencia. ¿La responsabilidad? Es predicarlo mientras lo vives.
Cierro entonces la introducción con la idea que nuestro pastor dejó en el día 40 del devocional:
Y yo lo creo así. Dios a través de su Espíritu Santo sigue salvando vidas como la nuestra en el nombre de Jesús. A su vez, sigue obrando en milagros y sanidades día tras día. Entonces el libro de los Hechos sigue siendo escrito en nosotros. En nuestras vidas, a través de ellas y con ellas.
Viviendo el legado
Muchas veces, nos encontramos atrapados en un contexto cristiano que nos exige un "ministerio", nos exige un "llamado", un título específico por el cual debemos servir al pueblo de Dios. Debemos estar ocupados, debemos hacer, hacer y HACER.
Hoy, quiero llevarte a que reflexionemos juntos sobre como debemos vivir ese legado. Como debemos ser no esos "apóstoles" "profetas" "evangelistas" si no como hijos. Todos tenemos algo de apóstol, que es ser "enviado o ser el mensajero" puesto que fuimos comisionados por Jesús a llevar su evangelio. Todos tenemos algo de profeta, por cuanto el Espíritu Santo habita en nosotros y entonces pasamos a ser en ocasiones el portavoz de Dios.
Pasamos a ser el mediador entre lo que Dios quiere hacer con la creación en un determinado momento. Todos podemos tener algo de evangelista si cumplimos con los dos puntos anteriores de llevar el mensaje de Jesús. Todos debemos ser adoradores por cuanto la adoración es más que el acto de cantar, es vivir un estilo de vida agradable a Dios. Es de manera intencional querer agradarle a Él.
A la verdad si estamos llamados a HACER. Sí debemos preocuparnos por tener una visión para nuestras vidas. Una visión que nos ayude a cumplir con la misión que Jesús nos encomendó. Es importante más no lo es todo y ni siquiera lo más fundamental. Incluso, he sido inocentemente participe de motivarlos a cada uno de ustedes a hacer. Concluyo, no está mal, pero no es todo, incluso tampoco es lo más importante. Y aquí te explicaré el porque.
El legado se vive siendo. No haciendo
El legado se trata más de ser, que de hacer. El evangelio se caracteriza por transformar vidas, no por crear agendas o una categoría de profesiones. El legado se vive siendo hijos por sobre ser siervos. No quiero que esto sean solo mis palabras, pues es en la palabra de Dios que está la autoridad de lo que digo. Por ello, paso a citar el primer verso bíblico:
Características de un hijo
Naturalmente, para ser hijos, no debemos hacer nada. Es un derecho adquirido no atribuido. Adquirido por el mero hecho de existir. Si bien debes tener un "ADN" que te enlace con tus padres, lo que te hace hijo no depende necesariamente de ti. En cuanto a nuestra adopción espiritual, si que hay un "requisito" que nos asocia con Dios. Este viene siendo el "ADN" espiritual, recibir y creer en el nombre de Jesús. Igual, este requisito no depende necesariamente de nosotros, pero si es algo que llevamos con nosotros.
Entonces lo primero que debes entender es que ya no eres huérfano. Tienes identidad y con ella propósito. Con ella vida, con ella familia y todo lo que trae consigo ese identidad. Tienes el legado y por sobre todo, tienes un Padre. Dios es tu Padre, es tu Abba.
Como hijo, debes tener rasgos de tu padre. Algo en ti debe ser similar a él, debe compaginar con su ADN. Entonces, como hijo debes ejercer la piedad, la misericordia, el amor, el gozo y el servicio desinteresado.
Características de un hijo adoptado
A diferencia de un hijo natural, el adoptado carga con muchas historias de su pasado. Sus características son intrínsecamente distintas a la del padre que adopta. Este, no es naturalmente como el padre, por lo que le cuesta un poco más asimilar sus conductas o su sentido de pertenencia. Espiritualmente, la realidad no es diferente. Nos cuesta emular lo que nuestro Padre nos enseña, nos cuesta abandonar las cadenas del pasado. Se nos hace imposible olvidar quienes fuimos y aceptar el amor intenso de nuestro Abba.
Al menos, tenemos como consuelo algunos aspectos. Entre ellos, que el Espíritu Santo nos ayuda a apropiarnos de esta identidad. Luego, tenemos que nuestro Abba es eterno en misericordia y amor, por lo que sin importar la cantidad de veces que consiente o inconscientemente rechacemos su paternidad, el nos acepta nuevamente en su regazo. Restituye nuestra identidad y nos hace nuevamente participes en nuestro legado. Por último, aunque parezca ilógico, aunque siendo adoptados pues naturalmente somos pecadores, la realidad primera es que por diseño original fuimos perfectos. Fuimos hijos verdaderos.
Quizá podemos llevarlo hasta Adán, antes de la entrada del pecado nuestro origen era bueno. Y, antes de crearnos a nosotros, ya Dios nos había visualizado como sus hijos adoptivos, es decir, ya éramos hijos antes de nacer. Así que, deberíamos evaluar que tanto de adopción realmente tenemos, pero ya eso será cuestión de otro sermón.
Tú naturaleza y realidad como hijo adoptivo
Tu naturaleza como hijo adoptivo
Una vez dicho esto, quiero que entiendas que tu naturaleza es ser pecador. Tu naturaleza es que fuiste traído, sacado, liberado, separado de una vida de maldad. De una vida sin propósito e identidad. Debes comprender que Dios no te condena si alguna vez, varias veces o muchas veces vuelves a actuar conforme a tu naturaleza pecaminosa. Reflexiona conmigo: "¿Acaso desechará el diseñador un producto que hace exactamente una de las funciones que tiene integradas?"
Eres naturalmente malo, el pecado entró en ti para hacerte fallar como si de eso se tratara la vida. No debes pretender ser fuerte y a prueba de errores. Debes saber que cuando fallas, intencional o no lo haces porque eres naturalmente malo y es solo por medio de nuestra nueva identidad que podemos ser buenos.
Ojo, que tu naturaleza sea pecaminosa, no implica derecho o no culpabilidad del pecado. Eres responsable de gran parte de tus acciones. Entender esto solo implica que tu Padre adoptivo no se sorprende o te deja de amar por actuar conforme a esa naturaleza.
Tu realidad como hijo adoptivo
Entendiendo tu naturaleza de origen, es momento de comprender tu realidad como adoptado. Fundamentalmente, tu realidad es que tu identidad está en tu Padre y no en tu naturaleza.
Has sido bendecido con ser una nueva persona. Con propósito, con amor abundante. Tienes un legado, una historia por escribir, una vida por vivir, una identidad por asumir.
Debes entender que tu padre es Dios y en Él encuentras todo lo que necesitas para vivir una vida plena y abundante.
El legado es ser para hacer
Para cerrar con esta prédica, quiero entonces compartir una parábola de Jesús, nuestro maestro, nuestro amigo y nuestro hermano adoptivo. La misma la encontramos en Lucas 15:11-32 nombrada como: La parábola del hijo pródigo.
Al igual que en la introducción, me es conveniente incluir una definición de pródigo de la RAE. Se dice de pródigo "que desperdicia o malgasta sus bienes".
Sabemos que aún teniendo todo, un hijo se alejo. También, conocemos a aquel que se quedó y al volver su hermano el "pródigo" y el padre hacer el banquete exclamo como injusticia aquella fiesta. El padre responde con estas incisivas palabras "Hijo, tú siempre estás conmigo y todas mis cosas son tuyas".
Entonces, ¿Cuál de ambos hijos era pródigo? ¿Acaso alguno verdaderamente disfruto su legado y lo que el padre tenía?. Veo en ambos dos jóvenes preocupados por el HACER y no por el SER. Y hoy, esta es mi simple oración: Vive el legado como hijo, preocúpate por se y no por hacer.
Disfruta a plenitud las bondades del Padre. Disfruta tu identidad. Vuelve a ella, SE y luego HAZ.

Enlaces de interés:
- Hechos de los Apóstoles: 40 días de Devocional (Completivo)
- Conceptos de legado en la RAE
- Las doce características del niño adoptado
Conceptos:
- Apóstol: Persona que difunde y defiende una doctrina o creencia
- Profeta: Hombre inspirado por Dios que habla en su nombre y predice acontecimientos futuros.
- Evangelista: Predicador del Evangelio.
- Hijo: Persona considerada respecto del lugar, familia o comunidad de donde procede.
- Pródigo: Que gasta sin medida ni razón.
