"Toda Buena Obra" es uno de los 28 libros del pastor Timothy Keller. El pastor y apologista dejó fuertes impresiones y aprendizajes en sus escritos apologéticos en la última década.

El libro "Toda Buena Obra" surge con el propósito de aclarar la importancia del trabajo y su vínculo inherente a la vida de fe cristiana. En este, se trata de sumergir al lector en una verdad profunda: El trabajo no es una carga, es un don de Dios. A continuación, exploraremos cada una de las tres partes de como Keller, en su obra nos explica la verdad espiritual del trabajo. Toda buena obra cambió mi manera de ver el trabajo y se que la tuya también.

Parte 1: El plan de Dios para el trabajo

Diseño del trabajo

El pastor inicia explicando que el trabajo es diseñado por Dios no como una carga, si no como un propósito. Se suele decir que el trabajo existe a causa del pecado del primer hombre (Adán). Sin embargo, la realidad es que desde la misma creación como un trabajo de Dios, hasta el nombrar los animales como la primer tarea del hombre, vemos que el trabajo es más un propósito que una carga.

Keller ilustra como el trabajo es necesario, más no el todo. Dando a entender que este siempre tendrá una posición inferior a Dios en nuestra vida. Como diría Karl Marx, "el trabajo dignifica al hombre", más allá de ser un pensamiento marxista, es una realidad divina.

Dignidad del trabajo

Otra de las ideas predominantes es entender la dignidad que existe al trabajar. De manera inherente y sin importar la clase de trabajo, todos tienen el mismo estatus de dignidad. Delante de la vista moral, todos son igual de importantes y necesarios. No existe diferencia entre lo que es un trabajo manual-artesanal con uno intelectual-tecnológico.

Así mismo como la obra de Dios tiene componentes intelectuales (aquellas cosas que hizo con su voz) tiene también aspectos artesanales (nos formo del polvo). Otro excelente elemento ilustrado es que tanto el trabajo "secular" como el "ministerial" son igualmente dignos e importantes. Dios creo el trabajo para que nosotros tuviésemos un propositito que cumplir, no como castigo. Tampoco como una categorización o segregación de personas.

Trabajo como cultura

Cuando Keller hace referencia al trabajo como cultura, indica que es a través de este que se crea la cultura y las sociedades. Es este el que crea los distintos matices dentro de las distintas culturas. Además, resalta la idea de que el trabajo es parte de nuestra semejanza con Dios. Él trabajo en la creación, nos doto de sentido y a través de este propósito otorgado ÉL espera hagamos lo mismo con la tierra.

El creo, ordeno e hizo habitable todo el universo. Nos dejo la materia prima y las herramientas intelectuales necesarias para seguir su obra. Además de ello, en el contemplar lo bueno de nuestro trabajo también encontramos otra similitud.

Trabajo como servicio

El trabajo es un acto de amor, es la mejor forma de demostrar el amor del prójimo. Porque es una manera de servir. Debemos ser competentes, es decir, dar lo mejor de nosotros en nuestro trabajo.

El pastor ilustra que Dios actua a traves de nosotros en nuestra labor. Así mismo como cuando Él dijo "estuve preso, enfermo o hambriento y no me ayudaste", nos dice "Eres mis manos, ojos y pies". Somos el cuerpo de Cristo y no solo figuradamente.

Conozco una frase de un fulano cualquiera que ilustra este principio de manera perfecta:

He ofendido a Dios y a la humanidad porque mi trabajo no ha tenido la calidad que debía haber tenido

Parte 2: Nuestros problemas con el trabajo

El trabajo es infructuoso

No todo es color de rosa. Aquí, el pastor Keller ilustra como el trabajo, a pesar de ser el propósito de Dios se vuelve infructuoso. Esto, debido al pecado del hombre. Vemos como no solo cae el hombre con su pecado, si no todo el plan original de Dios con respecto al trabajo.

Algo a destacar es, que entender que el trabajo está bajo la maldición del pecado nos permite entender la importancia de su redención. Además, yace allí el origen del porque el trabajo "cuesta" tanto. Producirá cardos y espinas cita directamente del Génesis el pastor para ilustrar este punto.

Lo absurdo del trabajo

Cuando Keller dice que el trabajo es absurdo, hace uso de los escritos de Salomón con respecto a la vanidad de todo lo que existe bajo el sol. Yo solía interpretar esto como un desagravio, o un Salomón deprimido. Sin embargo, luego de esta lectura, lo veo como algo más profundo. Salomón se había dado cuenta que lo que hay en la vida, nunca será suficiente si se está intentando llenar algo que solo Dios puede llenar.

Entonces, es absurdo porque no es trascendente. También hace reflexión sobre el porque el trabajo debe ser para servir y no para meramente lucrarse. Por último, ilustra de manera elocuente la necesidad del descanso. El descanso es parte del trabajo y el exceso de cualquiera de los dos (trabajo o descanso) produce más mal que bien.

El trabajo se vuelve egoísta

Keller, nos muestra como desde los inicios, el hombre mira el trabajo de una manera egoísta. Como piensa en su mera satisfacción a través del status que le da el trabajo o del beneficio adquirido a través de este.

Desde la Torre de Babel hasta el lujoso mercado de Wall Street el ser humano es motivado por sus ambiciones personales. A través de la historia de la reina Esther en la biblia, el pastor nos ilustra como podemos estar centrando en las motivaciones equivocadas nuestro esfuerzo en el trabajo. Debemos entender que no se trata de nosotros, si no de servir a los demás sin importar la posición en la que nos encontremos.

El trabajo revela nuestros ídolos

En este apartado, Keller es enfático y presenta una excelente análisis de C.S Lewis sobre el pecado. Explica que todo pecado, viene de la idolatría. Reemplazamos a Dios por nuestros intereses al mentir o por nuestro objetivos al engañar.

Explica que es imposible no tener un dios cuando desplazamos al verdadero Dios de nuestros corazones. Ilustra que los ídolos son sutiles y poderosos. Bien vistos tanto colectivamente como individualmente. Ya sea el status social que ofrece el trabajo o la retribución económica que acarrea. Hace un énfasis especial en que en la cultura posmoderna lo importante ya no es el fin del trabajo, si no solo el medio y lo que represente.

Parte 3: El evangelio y nuestro trabajo.

Una nueva historia para el trabajo

Introduciendo esta parte, el pastor ilustra nuevamente la caída del trabajo, a su vez, nos brinda una visión de esperanza. Así mismo como Jesús redime al hombre, juntamente con él también al trabajo.

Keller nos demuestra porque debemos entender la cosmovisión cristiana, como esta se antepone a las demás interpuestas en sociedad. Sobre todo, nos indica como esta cosmovisión impacta casi que determina nuestra manera de trabajar. Allí volvemos a retomar que todo trabajo es igual de loable por cuanto podemos servir a los demás a través de el y allí podemos demostrar el amor de Cristo. Si bien, esto no indica una predica expositiva constante si implica una manera distinta de ver el trabajo.

Verlo como un acto de amor, no solo de sustento. Un acto de servicio y no un elemento que nos dote de identidad, sentido y propósito por sí solo.

Una nuevo concepto para el trabajo

En esta sección, el pastor nos lleva a profundizar en el valor intrínseco de cada trabajo. Valor que es dado por Dios, y es que la frase que lleva de epicentro esta sección es: "Nadie es tan malo que aún no conserve un poco de la impronta divina de Dios y nadie es tan bueno como para no llevar parte de su propia naturaleza pecaminosa". Keller nos recuerda que no solo los cristianos confesos son a veces "las manos" de Dios en el mundo, si no que también existe la obra de Dios en los no cristianos.

Y es que Dios nos ha dado a todos por igual de su semejanza, la cual la expresamos en cierta medida conforme a nuestra cosmovisión. Esto nos ayuda a no "demonizar" todo lo bueno que hay en la cultura general y a su vez a pasar por un tamiz aquello que tachamos de "santo" por ser eclesiástico. Al final, el cierre es claro, en todos se encuentra la manera de glorificar a Cristo.

Una nueva concepción de el trabajo

Aunque pareciese ser similar al apartado anterior, la realidad es que difiere en contexto más no en esencia. Aquí, el escritor nos ilustra que la ética por si misma está limitada. Que aunque otras cosmovisiones de manera intrínseca puedan tener la impronta divina, es a través del cristianismo que se manifiesta conscientemente. De igual modo, refuerza la idea de que todos fuimos hechos a imagen de Dios por lo que debemos valorar a las personas por ser imagen de Dios, no por a lo que se dedican.

Aquí, Keller a través de la exhortación de Pablo a los esclavos, nos hace entender que como trabajadores, debemos trabajar como para Cristo. Así mismo como empleadores debemos entender que lideramos a hijos hechos como nosotros, a imagen de Dios.

Del mismo modo, nos orienta a entender que trabajamos para y por Dios. Él es nuestra audiencia y por ende, nuestro estándar ético.

Un nuevo poder para el trabajo

En este capítulo de cierre, Keller recoge nuevamente la idea de que aunque nuestro trabajo o talento fue dado por Dios, este en si mismo no es quien nos da la identidad. Nos invita a ser libres de cadenas autoimpuestas al tratar de ser llenados u validados a través de nuestra pasión. A su vez, nos recuerda que somos amos de nuestro trabajo, no viceversa.

El pastor de manera muy ilustre nos explica que nuestra pasión por el trabajo debe venir de Dios, quien nos capacita, no sobre el resultado obtenido en dicha pasión. A su vez, nos indica que toda pasión que proviene de otras fuentes es en si misma idolatría.

Como conclusión, resalta la importancia del descanso y la necesidad de un balance entre este y el trabajo. Nos deja saber claramente que no pueden haber excesos, y que no debemos recurrir a pretender que descansar es malo. Alude directamente a Dios descansando de crear su obra al séptimo día. El descanso más que ocio es la contemplación de la obra de Dios y el recordatorio no solo de que necesitamos recobrar energía. Si no de que no somos esclavo de la mal llamada productividad.

Obra

Enlaces de interés:

Fuente base

Keller, T., & Leary Alsdorf, K. (2013). Toda buena obra. B&H Publishing Group.

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