Existen circunstancias en la vida, en las que tratamos de aportar a la solución a una problemática. Queremos ser útiles, partes del cambio positivo en el entorno. Momentos en lo que nos enfrentamos a dificultades y por ciertas razones no logramos salir adelante, o al menos no sin un fuerte desgaste emocional y físico.
Otras veces, logramos ser esa solución, logramos ser útiles en lo que nos proponemos y sortear las difíciles encomiendas de la vida. Pero una vez hecho esto, reflexionamos en que tan agotados nos sentimos pues solo hemos estado dando. Dando de nosotros mismos a los demás y es entonces, cuando llega ese momento en el que la frase "Invierte en ti" cobra sentido.
Ostentes o no una posición de liderazgo, tu vida muy seguramente gira en torno a relacionarte con más personas. Con el jefe, familia, clientes, proveedores, vecinos y cualquiera que te atienda a ti como cliente consumidor de bienes y servicios. No se puede escapar de la interacción social, al menos no del todo. Por ello, es necesario pausar para reflexionar y evaluar si estamos siendo nuestra mejor versión para nosotros y los demás. Invierte en ti, y podrás hacerlo posible.
A continuación explicaremos porque el principio de "invierte en ti" es relevante iniciando con la siguiente ilustración clásica:
Afilando el Hacha

Un antiguo proverbio cuenta la historia de un aserradero con dos empleados y un gran bosque de árboles que era necesario talar. El dueño del aserradero les dijo a sus empleados al momento de contratarles:
-El pago será por cada árbol derribado.
Una vez iniciada la jornada, el leñador más novato llegaba temprano al bosque e iniciaba a talar con mucho ímpetu y energía. Una horas más tarde, llegaba el leñador más experimentado e iniciaba su jornada a paso constante, dando golpes certeros y contundentes.
Cuando avanzaba el día, el leñador novato sentía que su cuerpo empezaba a aquejar, por lo que terminaba el jornal a duras penas, adolorido pero satisfecho por su esfuerzo brutal a lo largo del día. Esto era siempre así hasta que veía al leñador experimentado, quien apenas se quejaba de dolor alguno y por extraña razón siempre terminaba con más árboles talados. El novato, se sentía desconcertado, tanto que se acerco a preguntar:
-Eh!, ¿porqué siempre talas más árboles que yo? Sin importar que empieces horas después de mí. He visto que tenemos el mismo modelo de hacha y que, aunque con técnica diferente y golpes más lentos, siempre escucho más árboles caer a tu paso.
El leñador experimentado con una sonrisa respondió tranquilamente:
-La razón es simple, afilo mi hacha antes de llegar aquí. No empiezo más tarde que tú, solo empiezo diferente.
Explicación adaptada del proverbio
Así somos naturalmente, como el leñador novato. Vamos por la vida en modo operativo, solo resolviendo temas pendientes uno tras otro. Pensando que el simple descanso es suficiente para recargar las energías y volver a la batalla. Sin embargo, siempre que uno se ofrece a si mismo en el servicio a los demás, una parte propia se desgasta. Por ello, se necesita pasar tiempo reconstruyéndose.
Así como los tantos golpes embotan el hacha, también nosotros después de tantas situaciones. Tal cual se afila el hacha para que recobre su filo y funcione igual o mejor que antes, así también nosotros necesitamos afilarnos.
Invierte en ti
Antes de proseguir, debemos aclarar que cuando digo "invierte en ti" no me refiero al acto egoísta de pensar solo en ti. Si no, al acto consiente de prepararte para poder dar a los demás tu mejor versión. Es entender que, lo que estás aprendiendo no solo es para tu uso personal, si no para transmitirlo a los demás.
Esto es hacer conciencia de que, como humanos podemos desgastarnos sea cual sea el contexto. Es reconocer que necesitamos recibir para poder entonces estar listos para dar. Ya lo dice la biblia de una manera más directa:
Invertir en ti debe ser un acto constante y si es posible, programado también. Así como alimentamos el cuerpo diariamente, nuestro carácter, emociones y sentimientos necesitan un refrigerio. Dentro de los consejos más prácticos que puedes aplicar en esta sección son los siguientes:
Haz un inventario y balanza personal
Haz un inventario y una balanza personal de tu persona como si fueses una empresa. Las preguntas que te pueden guiar en esta parte son ¿Qué habilidades, dones o recursos emocionales y de carácter tengo? ¿Dónde estoy invirtiendo estos recursos? ¿Estoy recibiendo más que lo que doy? ¿De donde estoy recibiendo recursos?. Si al hacerte esta reflexión y y preguntas similares te das cuenta de que lo que estás dando es mucho más de lo que recibes, entonces es momento de detenerte a evaluar cambios. Puede ser que necesites agregar otra "entrada" o definir mejor esas salidas.
En sentido práctico, podríamos decir que la fórmula del balance general sería:

Planifica constantemente tu aprendizaje
Así como si planificaras un evento mega evento único, se debe planificar el aprendizaje que como personas y posibles líderes queremos tener. Todo lo que queremos ser y lo que necesitamos para lograrlo debe estar por escrito y tener un curso de acción para su consecución. Define el espacio, contenido y tiempo que necesitas para tu desarrollo personal. Incluye pausas regulares para reflexionar y evaluar tu fórmula general de estabilidad.
Como establecí en algún momento atrás en el artículo Habilidades Blandas: Priorizando lo invisible:
Cierre
Eres tú el responsable de llenar tu inventario personal de recursos valiosos para compartir. Eres tú quien debe afilar el hacha. No pasará por casualidad, debes ser intencional en cuanto a tu conocimiento se refiere. Planifica tiempo para leer, escuchar podcast, meditar y cualquier otra actividad que le sume puntos a tu inventario. Invierte en ti de manera planificada y constante. Se tu mejor versión de hoy, sin dejar de pensar en la del mañana. Invierte primero en ti y luego en otros.
Recuerda que, así como los vehículos necesitan de combustible para seguir en movimiento, tu también. Mientras más uses, más necesitas. Y mientras más tengas, más lejos podrás llegar.

