Escalando el árbol de la Humildad  

Raíces

Árbol de la humildad

No tengo la cuenta exacta de las veces que he leído la biblia por completo, se que con ambas manos es suficiente para contarlo. Sin embargo, la biblia tiene la peculiaridad que pocos libros tienen. Sin importar la cantidad de veces que la leas por completo o solo una parte de ella resulta increíble la cantidad de “nueva” información que puedes obtener de algo que ya has leído. Esto a pesar de haber leído el mismo verso mas de 100 veces o incluso si lo leíste ayer mismo. Claro está, para ello se debe leer desde una posición de humildad.

En ocasiones esa información es una enseñanza práctica extraída de una re-interpretación, que sin estar totalmente divorciada del contexto y sentido original del texto, es diferente, fresca y nueva, a menos para algunos y otras veces, para todos.

Este tipo de casos suceden y sucederán todo el tiempo, y ¿es eso en si mismo negativo?. Para no abundar mucho como respuesta solo diré: Siempre y cuando la re-interpretación esté alineada a la verdad de Cristo y sea para su gloria, amén. Por lo demás, tengamos discernimiento, nuestros sesgos son nuestros enemigos principales.

Habiendo planteado ese trasfondo, quiero contarles mi caso mas reciente, donde una historia leída y escuchada cientos de veces (admito que quizá nunca estudiada a fondo o reflexionada a plenitud) tomo un significado totalmente distinto para mi vida, esta es la historia de Zaqueo.

Zaqueo

En Lucas 19:1-10 se relata a brevedad la historia del jefe de los publicanos de Jericó; Zaqueo. Están bien documentadas las implicaciones sociales de ser un publicano judío y de todo lo que acompaña la interpretación popular o, por “default”, de este texto. El desarrollo parafraseado de esta historia es el siguiente:

Primer Acto: Jesús entra a la ciudad donde vivía Zaqueo; Jericó.  Zaqueo, quizá con conocimiento a priori de quién era, deseaba ver a Jesús, pero tiene al menos dos cosas que le impiden cumplir su intención: su estatura y la multitud. Rápidamente este ve la solución a su problema, un árbol de sicomoro que estaba plantado en la ruta por la cual  Jesús pasaría.

James Tissot. 1886-1894

Su plan dio mas resultado del esperado, no solo pudo ver a Jesús, si no que Jesús lo vio a él. Jesús le dice lo necesario que el pose en su casa y necesita que baje, todos murmuran porque el maestro quiere estar en casa de un pecador.

Segundo Acto: Ya en su casa, textualmente citaré lo que Zaqueo dice: “He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado” . Jesús le dice que ese día llegó salvación a su casa.

El que se enaltece será humillado

Zaqueo en el enfoque que le atribuyo a esta historia representa la altivez. Este es uno de los errores actitudinales más comunes y profundamente negativos que podemos cometer.  Las consecuencias de este error son, además de llevarnos a pensar que por nuestros bienes materiales, estatus, rol social y habilidades somos mejores que los demás, también provocan caer en la trampa de la autosuficiencia. Es decir, que no necesitamos de nada ni de nadie más que nuestros propios medios para alcanzar lo que queremos y sentirnos plenos.

Solo hasta que llegue el momento de inflexión y nos damos cuenta de que ni nuestros bienes materiales, estatus, rol social y habilidades nos podrán sanar las heridas del alma, restaurar una familia rota, consolar la pérdida de un ser querido, dar sentido y propósito a nuestro día a día, dar paz y gozo sin importar las circunstancias.

Caemos en cuenta de que somos pequeños por nuestro orgullo y de visión limitada por la multitud de nuestro ego.

El que se humille será enaltecido

Es en esa reflexión que puede durar horas, meses y hasta años  que recordamos a un tal Jesús, de quien tiempo en tiempo escuchamos rumores de sus obras, de como dio vista a un ciego, como sano a 10 leprosos, como enseño a perdonar a un corazón resentido, como enseño amar a quien nunca fue amado,  como trazo el camino a quienes estaban perdidos, contó la verdad a los cautivos de la mentira y dio la vida a quienes estaban muertos en delitos y pecados.

Y ya no solo lo recordamos, queremos conocerlo o por lo menos verlo. Y es en el mejor de los casos, que como Zaqueo entendemos que nada de lo que tenemos puede darnos acceso a ese privilegio y anticipamos la única manera posible de desechar nuestro ego y orgullo y poder ver al maestro, escalando el árbol de la humildad.

En el árbol de la humildad

Aun pequeños, aun con multitud (no importa el tipo),  aun con los defectos e imperfecciones, encontramos un lugar no solo apto para ver a Jesús si no también ideal para ser vistos por él. No porque el no nos pueda ver en cualquier lugar que estemos, mas bien porque solo ahí nos percatamos de su mirada, y mas allá, oímos su voz, que nos llama por nuestro nombre y  recibimos esa noticia que nos cambiara la vida; “date prisa y desciende, es necesario que pose yo en tu casa”.

Pero por qué descender del  lugar que le permitió verle? Pues una vez recibida la noticia y aceptada la “auto-invitación”, la altivez pierde terreno, el orgullo y el ego son derribados, entendemos que no somos autosuficientes, y la salvación llega a nuestro corazón.  

La humildad es escalar sobre nuestro ego y orgullo para darnos cuenta de todo lo que estos nos impiden ver.

El cambio es tremendo, nos despojamos de nuestras defensas, entendemos que no somos mas que nuestro prójimo, y queremos dar todo ese amor que nunca dimos, ese perdón que nunca otorgamos, esa sonrisa que nunca devolvimos.

Es así que "damos la mitad" de lo que somos (amamos al prójimo como a nosotros mismos) y como prueba de que amamos a Dios sobre todas las cosas. "Multiplicamos por cuatro" lo que hemos usurpado (mostramos arrepentimiento) y así ya no necesitamos escalar el árbol de la humildad, porque la humildad en ese punto no es un lugar, ya es un estilo de vida. En palabras de Jesús en Mateo 11:29 "… sean como yo, mansos y humildes de corazón."

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